Tengo derecho
a una educación sexual sin prejuicios que fomente
la toma de decisiones libre e informada.
Los contenidos sobre sexualidad en los programas
educativos del Estado deben ser laicos y
científicos, estar adecuados a las diferentes etapas de la juventud y
contribuir a fomentar el respeto a la
dignidad de los jóvenes.

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