Tengo derecho a vivir
cualquier experiencia o expresión sexual o erótica que yo elija, siempre
que sea lícita,
como práctica de
una vida emocional
y sexual plena
y saludable.
Nadie puede
presionarme, discriminarme, inducirme al
remordimiento o castigarme por
ejercer o no actividades relacionadas
con el disfrute
de mi cuerpo
y mi vida sexual.

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